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En la ciudad de Culiacán, Estado de Sinaloa la figura del ladrón social generoso y mártir, ha sido adoptada como intercesor entre los deseos de grupos marginados y fuera de la ley, ladrones, asesinos y desde la segunda mitad del siglo XX por el poderoso grupo de los narcotraficantes.

Los narcotraficantes, además de muchos otros campesinos y gente del pueblo adoptaron a Malverde como su santo patrono, a quién le ofrendan frascos de marihuana conservada en alcohol para agradecer las buenas ventas y las buenas cosechas, llenan su templo de retablos que narran una epopeya del narco mexicano, y le piden constante fortuna y protección.



El historiador norteamericano Elijah Wald, en su libro Narcocorrido, expresa, que en Sinaloa se sienten orgullosos de ser un estado de gángsters y sembradores de amapola, y a pesar de que no son el único estado que se dedica a este tipo de actividades, en ningún otro, existe la narcocultura.



Aunque no está comprobada su existencia, ha transgredido fronteras. Existen lugares de culto y adoración no sólo en el Estado de Sinaloa, si no también en lugares de Guerrero, Michoacán, Jalisco, Tijuana; y algunas otras ciudades internacionales como Los Ángeles (EEUU), California (EEUU) y Calli (Colombia), España e Italia, que reciben mayor cantidad de donativos y caridades que la Cruz Roja y cualquier otra iglesia de la República mexicana.

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